Geta y zori: una guía

sandalias setta naranjas

Hablemos de calzado. No del llamativo, del que pide que lo miren, sino del que hace su trabajo sin alardes y te deja pensando: «¿por qué no funcionan así todos los zapatos?» En Japón, sandalias como las geta, las zori y las setta llevan siglos respondiendo a esa pregunta. Sin adornos, sin ruido. Solo un diseño inteligente, materiales honestos y mucho sentido común.

¿Qué tienen de especial las geta?

Seguro que las has visto: plataformas de madera con dos tablillas debajo que suenan como un instrumento de percusión sobre el pavimento. Las geta son las todoterreno del calzado japonés. En origen eran prácticas (esos «dientes» elevados mantenían secos los bajos del kimono en los caminos embarrados), y resulta que son sorprendentemente ergonómicas. La inclinación de la plantilla alinea la postura y el diseño abierto deja que el pie respire. Eso sí, al principio caminar con ellas resulta rarísimo, como aprender a montar en bici, pero en cuanto te relajas y coges el ritmo, encaja. Las versiones modernas añaden suelas de goma o maderas más blandas, pero la esencia es la misma: funcionales sin pedir perdón.

Sandalias setta alineadas con cuidado

Zori: la prima lista de la chancla

Planas, ligeras y a menudo tejidas con paja, cuero o vinilo, las zori son la respuesta japonesa a «arreglarse sin esforzarse». Son lo que te pones con un kimono para ir a un festival de verano, pero también lo que te calzas para bajar a comprar. ¿El secreto? Esa tira entre los dedos (pensada para los calcetines tabi) que mantiene la sandalia pegada al pie sin apretar. A diferencia de las chanclas endebles, las zori tienen estructura: la suela es lo bastante firme para caminar kilómetros y, a la vez, lo bastante flexible para doblarla y meterla en un bolso.

Pero las zori también cargan con su historia. Sus orígenes se remontan al periodo Heian, cuando empezaron siendo unas sandalias de campo mejoradas. Eran el calzado del día a día en regiones como Tsugaru y el sur de Iwate, y la gente incluso las llevaba al colegio hasta los años treinta. Antes de que el calzado occidental se extendiera por Japón durante la era Meiji, las zori eran el zapato. Hoy siguen considerándose más refinadas que las geta, sobre todo cuando se combinan con kimonos formales como el furisode o el tomesode. Y sí: cuantas más capas lleve apiladas la suela, más formales se consideran. Prestigio medido en centímetros.

dos pares de sandalias japonesas

Setta: el término medio infravalorado

Y ahora, te presentamos las setta. Si las geta y las zori tuvieran una hija minimalista, sería esta. Nacidas en el periodo Edo y siendo un tipo concreto de zori, las setta eran el calzado diario tanto de los samuráis como de los comerciantes. Aquí no hay dientes de madera elevados: solo una suela plana de igusa (junco), tiras de algodón y una base fina de goma.

¿Qué las hace interesantes?

  • Los materiales: el igusa no es solo nostalgia; es antimicrobiano y absorbe la humedad. Las setta tradicionales solían llevar cuero tensado sobre suelas de bambú, a veces incluso con una pequeña pieza de hierro en el talón para que duraran más (y para ese tintineo tan satisfactorio al caminar). Las versiones de hoy siguen haciendo un guiño a ese legado, pero también encontrarás suelas de materiales modernos como el uretano o la goma: más agarre, menos complicaciones.

  • El peso: son tan ligeras que te olvidas de que las llevas puestas.

  • El ajuste: la talla sigue el estándar japonés, ceñido pero indulgente, con una tira entre los dedos que evita el temido «chasquido de chancla».

Otro apunte: aunque la mayoría de las setta tradicionales se hacían para hombre, y muchas conservan ese estilo, las versiones modernas son cada vez más unisex y adaptables. Menos «tradición con género» y más «utilidad atemporal».

Por qué estas sandalias siguen aquí

Seamos sinceros: la mayoría del calzado tradicional desaparece porque no es práctico. Estas no.

  • Las geta sobreviven porque resuelven un problema (los bajos mojados) sin complicaciones. Y añaden un estilo único, eso no se discute.

  • Las zori aguantan porque son el zapato de viaje definitivo.

  • ¿Y las setta? Son la sorpresa silenciosa. El junco no es solo «ecológico»: lleva 400 años probándose sobre el terreno. La suela de goma no es «innovadora»; es una mejora discreta de algo que ya funcionaba. Y sí, el cuero sigue estando ahí, sobre todo en las suelas, pero muchos modelos nuevos apuestan también por materiales más ligeros, de origen vegetal o acolchados. El mismo espíritu, otro acabado.

Y sí, combinan con todo. ¿Kimono? Evidentemente. ¿Vaqueros y camiseta? También. La idea no es ser «estiloso» en el sentido de estar a la moda, sino ser adaptable.

mujer vestida con kimono caminando por la calle

La verdadera razón para probarlas

La cosa es así: las sandalias japonesas no pretenden lanzar ningún mensaje sobre «atención plena» ni sobre «conectar con la historia». Simplemente buscan mantener las cosas sencillas y hacerlo bien.

Te pones las geta cuando quieres ir más despacio. Echas mano de las zori cuando lo que importa es la comodidad. Y eliges las setta cuando solo quieres una sandalia que haga su trabajo sin llamar la atención.

Así que la próxima vez que no sepas qué ponerte, recuerda: en algún lugar de Japón hay una solución de 300 años esperándote. Y le da igual si te impresiona. Simplemente funciona.

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